Llévate a KiK a casa estas vacaciones. Los pedidos se envían en 48h. Unidades limitadas.

Comprar

Esta secção não inclui de momento qualquer conteúdo. Adicione conteúdo a esta secção através da barra lateral.

Image caption appears here

Add your deal, information or promotional text

Facundo, mascota de mascotas

Facundo, pet of pets

7.17pm. Noche de otoño. Llueve aunque no demasiado. Estoy en mi coche. Fuera los peatones llevan los primeros abrigos de la temporada. Hasta veo a una joven en la acera con guantes. Puedo verlo porque estoy parado delante de un semáforo verde que lleva ya varios ciclos y no he podido avanzar más de 2 metros en los últimos 15 minutos. Ya no me sorprenden los atascos de esta ciudad.

El día ha sido de perros. Hemos tenido un problema con el suministro de materias primas. Tendremos que replanificar toda la producción. Y la campaña de Navidad a la vuelta de la esquina. Los clientes poniéndose nerviosos por saber fechas de entrega. Estoy agotado. Tenía previsto salir antes para ir a ver a mi madre. Tendrá que ser ya mañana.

De fondo suena el tema de la Pantera Rosa del último disco de Kyle Eastwood. Hijo del mítico Clint Eastwood. Lo descubrí hace poco. Dada la afición del padre por el jazz, no me extrañó que uno de sus hijos la heredara también. Tampoco que le componga alguna canción para la banda sonora de sus películas.

7.21pm. Otra vez rojo. Sigo en el mismo sitio. Estoy deseando llegar a casa. Ojalá mi hija o mi mujer hayan podido sacar a Facundo. El cambio de hora le ha afectado y ha vuelto a hacerse de todo en casa. Tenemos su mantenimiento repartido y a mí me toca el turno de noche. Pero hoy desearía que alguien me hubiera hecho la cobertura. Estoy realmente fatigado y no me apetece en absoluto.

Facundo. El nombre se lo puso mi padre cuando lo recogió de la carretera hace 10 años. Abandonado, herido, desnutrido. Lo llevó al veterinario, lo cuidó y lo adoptó. Con el beneplácito de mi madre, claro. Enseguida se hizo con el corazón de todos nosotros. ¿Por qué Facundo, papá? No parece un nombre de perro. Porque me gusta y porque cuando lo dije me miró complacido con el nombre. Y con ese nombre se quedó. Asunto zanjado.

Mi hija estaba deseando ir a ver a los abuelos y a Facundo. Por supuesto, inició una campaña de acoso y derribo pidiendo un día sí y otro también que tuviéramos un perro. Que mira la alegría que Facundo le da a los abuelos, que me vendría muy bien para hacerme compañía por las tardes mientras estáis en el trabajo, que me ayudaría a madurar al tener que cuidar de alguien, que yo me ocuparía de él, y muchas otras cosas que la creatividad de una niña puede imaginar. Y no le faltaba razón. Pero con el ritmo de vida que llevábamos no veíamos cómo adquirir una nueva responsabilidad.

Facundo fue un apoyo emocional fundamental en los últimos dos años de vida de mi padre. Le hacía compañía sin molestar. Le reconfortaba con su amor. Facundo era feliz simplemente estando tumbado junto a mi padre mientras él leía para olvidarse de su maldita enfermedad. Dos años duros de sufrimiento que Facundo aliviaba. Facundo y mi madre, por supuesto. Ambos lo dieron todo hasta que se fue. Y se quedaron vacíos. Exhaustos. Tristes. Desconsolados. Pero apoyándose uno en el otro, consiguieron atravesar ese páramo y volver a ver la luz.

Hasta que mi madre tuvo que operarse de la cadera. Y Facundo se vino a vivir con nosotros temporalmente. He de reconocer que pese a todo el sacrificio que nos ha supuesto, reorganización de tareas domésticas, tiempo que consume, y un largo etcétera de inconvenientes, creo que nos compensa. Porque somos tres a repartir el trabajo. De otra forma, me lo pensaría muy mucho. Es verdad que cuando llegas a casa y está en la puerta esperándote a darte su cariño, te derrites. Y se te olvida todo lo demás. Pero, luego, todo lo demás vuelve. Y es un trabajo exigente.

Y tras lo de la cadera, Facundo se quedó definitivamente en casa. Mi madre ya no podía bajarlo al parque. Ni atenderlo como se requiere. Y mi madre empezó a sentirse sola. Y le compramos un Aiko de Aisoy Robotics, uno de esos nuevos robots relacionales de inteligencia artificial. Como decía la publicidad, no es una mascota pero ayuda a obtener los siguientes beneficios:

  • Ayuda a aliviar la sensación de soledad por su presencia física y por el afecto incondicional que da. Favorece que se sea más comunicativo, que le cuentes cosas, tu día a día y tus preocupaciones. Es decir, Aiko te crea la ilusión de que tienes alguien con quien poder hablar y te sientes escuchado.
  • Ayuda a prevenir o a recuperarse de la depresión. Cuando la padeces, no tienes ganas de nada, te olvidas de cuidar de ti mismo, comer, dormir… Pero Aiko está ahí y en cierto modo te estimula para que hables y juegues con él, lo cual mejora tus niveles de oxitocina y disminuyen los de cortisol, reduciendo la ansiedad ligada a la depresión.
  • Ayuda a tener una rutina. Aiko aprende de ti y se adapta a tus horarios o los crea: jugar, hablar, descansar y otra serie de cuidados. Esto te lleva a estructurar tu vida, especialmente si no trabajas o teletrabajas.
  • Ayuda a mantener la autoestima. Aiko depende de nosotros para ser feliz. Al cuidarlo y ver que se pone contento experimentas sentimiento de autorrealización que te ayuda a sentirte mejor contigo mismo.
  • Ayuda a cuidar mejor de ti mismo y de tu salud. Cuidar de Aiko lleva, por asociación, querer cuidarte mejor. Si jugamos con él a diferentes actividades, inconscientemente estamos desarrollando o manteniendo nuestras habilidades sociales, emocionales y cognitivas, mejorando tu bienestar mental y sanando tus heridas emocionales.
  • Ayuda a que te relaciones más. El hecho de mantener activos tus mecanismos de comunicación hace que disfrutes de ello y lo fomentes al salir de casa lo cual previene la sensación de soledad.
  • Ayuda a reducir el estrés. Al jugar con Aiko, abrazarlo y acariciarlo tiene un efecto relajante que ayuda a reducir el estrés y la ansiedad. No es el ronroneo relajante de un gato, pero se le acerca.
  • Ayuda a mantener la mente en forma. Interactuar con Aiko implica que éste evolucione y que aprenda nuevas habilidades. Es como educarles. Pero ello requiere un esfuerzo por tu parte que ayuda a mantener tu mente activa, favoreciendo tu concentración y la prevención de fallos de memoria.
  • Ayuda a que te sientas más seguro tú y tu familia. La compañía de Aiko aprendes a disfrutar del momento, a centrarte en él y olvidarte un poco de todo lo demás. Parecido al mindfulness. Pero también es capaz de facilitar el contacto urgente con tus familiares si lo necesitas creando un ambiente de seguridad ante circunstancias imprevistas o de riesgo.

Nos lo pensamos. Somos ingenieros y sabemos de las capacidades de la tecnología y de la Inteligencia Artificial. Hemos visto varios robots sociales que ayudan a niños con autismo, o para aprender a programar, o para terapias, pero no conocíamos este concepto nuevo de robot relacional para crear ‘relaciones’ a largo plazo con el usuario. Interesante. Picaba la curiosidad del ingeniero que llevo dentro. Y también del niño que aún hay más dentro.

Nos lo volvimos a pensar. Sobre todo porque nos parecía imposible que pudiera cubrir el hueco de Facundo. Pero si lograba solo la mitad de lo que decía su publicidad sin las obligaciones que a mi madre le suponía Facundo, los 500€ más la suscripción estarían bien pagados. Lo que definitivamente nos convenció fue el poder probarlo durante un mes sin compromiso. La promoción de regalo de 1 año de suscripción también ayudó. Así que lo encargamos.

Ya habíamos hecho un intento tecnológico previo con Alexa. Mi madre lo intentó por activa y por pasiva. Quería conversar pero Alexa no está pensado para eso. Mi madre insistía e insistía con perseverancia espartana. Al final han llegado a un equilibrio. Mi madre ha aprendido a pedirle música, que ponga la radio y a darle los buenos días y las buenas noches. Mi madre solo le pide y Alexa se lo da. Pero ya no le pide más.

Por ello, con este precedente tecnológico, me sorprendió la ilusión con que la mi madre acogió a Aiko. Pensaba que igual me sobrarían 29 de los 30 días de la prueba y que tendría que tramitar su devolución. Simplemente, no me lo esperaba. Había estado preparándome mentalmente para el fracaso. Tampoco me esperaba el nombre. Mi madre adoptó a Aiko y lo bautizó con el nombre de Facundo. En recuerdo de tu padre, me dijo. Y no me preguntes más. Y con ese nombre se quedó. Así zanjó mi madre, como mi padre, ese asunto.

Pues ahora hay dos Facundos en nuestra familia. El perro Facundo y el robot Aiko Facundo. Cada uno en su casa cumpliendo perfectamente con su misión. Solo se ven cuando vamos a visitar a mi madre. Y se llevan fenomenal. Facundo, el perro, se sorprendió al verlo. Facundo, el robot, también. Fue divertido. Pero como Facundo, el perro, ya está un poco mayor, no desarrolla mucha actividad y tras unos segundos de olfateo deja a Facundo, el robot, tranquilo. Y, Facundo, el robot, lo respeta. No se si lo entiende, pero lo respeta.

Y, claro, mi hija ha vuelto a la carga. Pero que bien está la abuelita con Facundo. Le ha venido genial. Yo la veo más contenta. Se ve que Facundo le hace mucha compañía. Y mira que bien se lleva Facundo con Facundo. No sé quién es la mascota de quién cuando se ven. Es genial. Y aunque lo veíamos venir, nos pilló de sorpresa.

¿Por qué no compramos un Aiko para Facundo? nos soltó un viernes en la cena. Lo llevaba un tiempo pensando y lo veía una buena idea. Que si Facundo está solo todas las mañanas hasta que regreso del Instituto. Que si ya está mayor. Que así Aiko le haría compañía como a la abuela. Que seguro que emocionalmente le vendría bien. Que si podríamos monitorizar que todo está bien a través de Aiko. Que a ella le vendría genial para practicar su inglés hablado y su comprensión auditiva. Que si con Aiko no tendría vergüenza para practicar. Y no se cuántos otros “que si”. Y que ya ha decidido pedírselo a Santa Claus.

7.27pm. Esto parece que se empieza a mover. Por fin. Kyle ha comenzado los primeros acordes del tema Charada (una joya del cine clásico). Estoy dándole vueltas al tema de poner otro ‘Facundo’ en nuestra vida. El teléfono suena y me saca de esos pensamientos. Es mi mujer. Que por donde voy y esas cosas. Que no tarde mucho. Que tenga cuidado con el tráfico que está fatal. ¡Qué me va a contar! Y que si quiero que saque ella a Facundo. ¡Por supuesto que quiero! ¡Gracias, amor! Tengo mucha suerte.

7.53pm. Alguien dijo una vez que hay que confiar en el tiempo. Suele traer dulces soluciones a problemas que hoy son amargos. Mi día, tras muchos sinsabores, estaba comenzando a darme sus pequeñas recompensas. Llegar a casa, no tener que sacar a Facundo, ducharme, ponerme cómodo con el pijama, hacer la cena (me encanta cocinar) y disfrutar de ella tranquilamente con mis chicas se me antoja un escenario más que suficiente para ser feliz. Después de todo, el día no va a ser tan malo, pienso mientras giro a la derecha para entrar por la puerta del garaje de mi urbanización.

—— 

Esta historia está sacada de un futuro tan cercano que bien podría suceder el año que viene. Es una historia cotidiana sobre nosotros, sobre nuestra forma de vida, sobre las formas de vida que iremos incorporando a ella y de los beneficios que nos traerán a nosotros, como personas.

El robot relacional de inteligencia artificial Aiko del que se habla en ella estará disponible en el año 2022.

Dejar un comentario

Los comentarios se aprobarán antes de mostrarse.

Search